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“Pascual Bravo, sin deudas, va por la certificación”, El Colombiano

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Sin déficit, sin deudas y con un plan de desarrollo a cuatro años que incluye la contratación de más maestros de planta, el fortalecimiento de la investigación y lograr la acreditación, termina el año la Institución Universitaria Pascual Bravo, que este 2018 celebró sus 80 años de vida buscando despejar un horizonte que les permita a más jóvenes de estratos bajos de Medellín tener acceso a educación superior.

Su rector -en ejercicio desde mayo de este año-, el abogado Juan Pablo Arboleda Gaviria, describe las fortalezas, los retos y cómo ha sido el proceso transformador de este importante centro de educación, que en el presente siglo renovó sus programas y sigue conservando el prestigio de muchas décadas en cuanto a calidad académica se refiere. Este año, incluso, no se vio afectado por los paros estudiantiles.

Rector, el Pascual Bravo fue conocido el siglo pasado como un colegio de alta calidad, pero este siglo dio el salto universitario, ¿cómo ha sido ese proceso?

“La institución nació en 1935 como la Escuela de Artes y Oficios de la Universidad de Antioquia, pero en 1938 inicia su vida independiente, por ordenanza de la Asamblea, como Escuela de Artes y Oficios Pascual Bravo. Luego se convierte en Instituto Técnico Superior, después en Tecnológico, con carácter nacional, pero ya en 2007, por acuerdo del Concejo, queda adscrito al Municipio de Medellín”.

Sin duda, el PB goza de mucho prestigio y hay el mito de que es muy difícil lograr cupo, ¿qué tan cierto es?

“En verdad, tenemos una exigencia muy alta buscando garantizar que quienes ingresan continúen con ese legado de calidad académica que nos ha caracterizado. Para ello trabajamos una estrategia con veinte instituciones oficiales del nivel medio, en los grados 9°, 10° y 11°, en un proceso de articulación con la media, con intervención en los currículos académicos buscando generar las competencias requeridas para ingresar a la educación superior. El programa ha sido ganador, tenemos 36 grupos involucrados en el trabajo. Es una apuesta que tienen otros colegios con acompañamiento de Sapiencia”.

¿Es decir, van preparando a los potenciales estudiantes que van a ingresar a la institución?

“Así es, pero no es solo la generación de competencias, sino que los chicos de 9°, 10° y 11° empiecen a conocer los programas académicos para tener conocimiento amplio de si en verdad es eso lo que quieren hacer, así tienen herramientas para elegir sus programas y se disminuye la deserción por desconocimiento”.

¿En qué es fuerte la IU Pascual Bravo?, ¿en qué áreas tiene fortalezas?

“Históricamente, se ha caracterizado por ser fuerte en áreas de eléctrica, electrónica y mecánica, pero en los últimos años hemos incursionado en desarrollo de software, mantenimiento aeronáutico, todo enmarcado en la Facultad de Ingeniería, pero también tenemos una Facultad de Producción y Diseño, con programas como Producción Industrial, Tecnologías de Diseño de Vestuario, Diseño Gráfico y Tecnología en Animación Digital”.

¿En el concierto educativo de Medellín, qué papel juega el Pascual Bravo?

“En la sede de Robledo son 6.100 estudiantes, pero tenemos presencia en otros 20 municipios de Antioquia, llegando a 6.500, en una apuesta histórica por apoyar la educación superior de calidad en las regiones, a donde llegamos con nuestra propuesta académica. Pero la IU Pascual Bravo tiene un peso histórico no solo por el número de estudiantes, sino también por la calidad académica de sus programas; tenemos una tradición de educación pertinente, porque siempre hemos conversado con el sector productivo; desde la Escuela de Artes y Oficios hubo enlace con el sector industrial y empresarial para formar el personal requerido en una era de apogeo industrial como la que vivía la ciudad; hoy sigue vigente esa tradición”.

¿La institución sigue siendo dirigida a los estratos más bajos o también hay altos?

“El gran compromiso nuestro es más bien el reto de brindar educación de calidad versus el valor que pagan los estudiantes, y ahí se ve marcado el compromiso y la responsabilidad de la institución, cuando el valor promedio de matrícula es un salario mínimo, $780.000, mientras el proceso de formación por alumno cuesta $4 millones y medio. Acá el estrato 1 paga la mitad de ese valor; los 2 y 3 el mínimo; y los 4, 5 y 6 un poco más, según su estrato social y nivel de ingresos”.

¿Pero permitir estratos altos no les quita cupo a los estratos bajos, que deberían ser los beneficiarios?

“Acá no les cerramos las puertas académicas a nadie, y los estratos altos, que acá los hay, de cierta manera ayudan a subsidiar los estratos bajos, la otra parte se financia con otros ingresos y la venta de nuestros servicios”.

¿Qué aportes recibe el Pascual Bravo por año?

“De la Nación nos llegan $10.000 millones para funcionamiento; del Municipio, $6.500 millones para inversión; y 30% lo generamos con recursos propios, por matrículas, venta de servicios institucionales y rendimientos financieros por el buen ejercicio de las finanzas”.

Pero este ha sido un año duro, con paros, déficit educativo general, ¿cómo ha sido la situación en PB?

“La institución ha hecho un ejercicio juicioso y responsable de sus finanzas y no tiene déficit ni deudas pendientes por créditos o empréstitos. Siempre hay el interrogante de cuántos recursos necesita una institución para responder a las exigencias y poder ofrecer una educación de calidad, pero un ejercicio riguroso en la gestión nos permite pensar en metas alcanzables, como lograr la acreditación”.

Finalmente, usted tiene un plan de desarrollo estructurado a 4 años, ¿cuáles son los puntos básicos?

“Trazamos un plan con 26 proyectos, cinco pilares, como ejes estratégicos, cimentados sobre dos carriles: uno es el cumplimiento de condiciones de alta calidad; y el otro, apuntar a los objetivos del desarrollo sostenible para generar desarrollo social en los territorios. Los pilares apuntan a la ampliación y cualificación de la planta docente; fortalecer la investigación y lograr la acreditación institucional”.

Fuente: elcolombiano.com